Venezuela presentó este miércoles en Bangkok su hoja de ruta económica ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, un plan apoyado en las industrias extractivas —petróleo y minería— como motor para generar divisas y financiar el resto de la economía. La exposición estuvo a cargo del vicepresidente de Economía, Calixto Ortega, en el marco de las reuniones anuales de ambos organismos.
Ortega, expresidente del Banco Central de Venezuela y actual representante del país ante el FMI, explicó que el petróleo y los minerales son los principales motores para generar ingresos externos. Venezuela restableció en abril su relación con el Fondo, después de haber abandonado el organismo en 2019, y esta presentación marca el paso más visible de ese reencuentro con el sistema financiero internacional.
Los cuatro pilares de la hoja de ruta económica
El plan se apoya en cuatro ejes. El primero es elevar la producción del sector extractivo, en línea con la recuperación que ya muestran cifras recientes de la producción petrolera de Venezuela.
El segundo es destinar una mayor parte de los ingresos fiscales de ese sector a áreas desatendidas durante la última década, como el suministro de agua y la electricidad, dos servicios cuya crisis marca la vida diaria de millones de venezolanos.
El tercer eje es reconectar al país con el sistema financiero internacional para atender el problema de la deuda pública, una gestión que, según Ortega, se trabaja desde inicios de año. El cuarto apunta a reimpulsar el bolívar para que abarque progresivamente la totalidad de las transacciones locales, en una economía donde el dólar sigue siendo referencia cotidiana.
La hoja de ruta económica y el crecimiento que el FMI proyecta para Venezuela
La presentación llega con el viento a favor de las proyecciones del propio Fondo, que esta semana estimó un crecimiento del producto interno bruto venezolano de 5 % para este año y de 7 % para 2027. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha asegurado que el país acumula 22 trimestres consecutivos de crecimiento, una racha que el Gobierno busca ahora convertir en inversión y financiamiento externo.
Para la diáspora venezolana, el alcance de esta hoja de ruta económica se medirá en resultados concretos: si los nuevos ingresos se traducen en mejores servicios públicos, empleo y estabilidad de precios, o si quedan en anuncios de foro internacional.
El debate económico avanza en paralelo a la negociación política que se desarrolla en Caracas en torno a las garantías electorales, dos tableros que definirán el rumbo del país en los próximos meses.
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