La estatal petrolera venezolana Pdvsa proyecta elevar su capacidad de refinación a 600 mil barriles diarios en 2027, una meta que marcaría el intento más ambicioso de recuperación de la industria en casi una década, según reportes publicados este lunes por los medios Noticia al Día y TalCual.
El anuncio forma parte de los planes de la empresa para retomar niveles de procesamiento más acordes con su infraestructura instalada, tras años de deterioro operativo, apagones en las plantas y falta de inversión que redujeron drásticamente la producción de combustibles dentro del país.
Además de la meta de refinación, la estatal también apunta a alcanzar 1,5 millones de barriles diarios de producción petrolera en 2027, un salto considerable frente a los niveles actuales, que según reportes recientes se ubican alrededor de un millón de barriles por día.
El derrumbe de la refinación venezolana
Venezuela llegó a tener una capacidad nominal de refinación superior a 1,3 millones de barriles diarios, con el Complejo de Refinación Paraguaná (CRP) —integrado por las refinerías de Amuay y Cardón— como su joya industrial: un gigante con capacidad instalada cercana a 950 mil barriles diarios que fue referencia en el continente.
Ese coloso entró en un largo declive a partir de 2017. La falta de mantenimiento, la fuga de personal calificado, la escasez de repuestos y los accidentes —incluido el trágico estallido de Amuay en 2012 que dejó decenas de muertos— convirtieron al complejo en una sombra de lo que fue. En los peores años, Venezuela pasó de ser un gran refinador a importar gasolina e incluso a sufrir una escasez crónica de combustible que afectó la vida diaria de millones.
Las refinerías de Puerto La Cruz y El Palito corrieron una suerte similar, operando a fracciones mínimas de su capacidad o paralizadas durante largos períodos por fallas eléctricas y problemas operativos.
Qué implica la meta de 600 mil barriles diarios
Alcanzar los 600 mil barriles diarios de procesamiento no solo significaría multiplicar los niveles recientes de operación de las refinerías: también permitiría estabilizar el suministro interno de gasolina, diésel y otros derivados, un problema que durante años golpeó con dureza a transportistas, productores y ciudadanos.
Además, una refinación más sólida abriría la puerta a mayores exportaciones de productos con valor agregado, que dejan más ingresos que la venta de crudo sin procesar. Para la economía venezolana, cuya columna vertebral sigue siendo el petróleo, esa diferencia en dólares es vital.
No obstante, la meta exige mucho más que anuncios: requiere inversión sostenida, repuestos, tecnología y personal especializado, rubros en los que Pdvsa ha mostrado limitaciones severas durante la última década.
El marco de las sanciones y las exenciones petroleras
El plan se mueve en un contexto marcado por el régimen de sanciones impuesto por Estados Unidos contra el sector petrolero venezolano desde 2019, que restringió el acceso a financiamiento, tecnología y mercados.
En los últimos años, Washington ha otorgado exenciones y licencias especiales que permiten a ciertas empresas operar en Venezuela, como la licencia que habilitó a Chevron para producir y exportar crudo del país sudamericano. Esas flexibilizaciones han sido una de las palancas detrás de la recuperación parcial de la producción venezolana, que pasó de mínimos históricos a rondar el millón de barriles diarios.
Cualquier plan de expansión de Pdvsa dependerá en buena medida de que ese marco se mantenga o se amplíe, y de la capacidad de la estatal para atraer socios, equipos y capital en un entorno todavía complejo.
De concretarse, la meta de 600 mil barriles diarios de refinación para 2027 representaría un punto de inflexión en la historia reciente de la industria petrolera venezolana. Pero el camino hacia ella está plagado de desafíos estructurales que han resistido una década de promesas de recuperación.
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