La pareja de abuelos asesinados en Suba, en el norte de Bogotá, tiene por fin a un capturado: agentes del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía detuvieron a Freddy Alexander Barajas, exyerno de las víctimas, señalado como el presunto responsable del doble homicidio de Guillermo Alberto Anzola, de 72 años, y Gloria Guerrero, de 66, ocurrido hace siete meses en la propia casa de la pareja.
Un juez con función de control de garantías declaró legal la captura de Barajas, quien no era un extraño para la familia: llevaba más de 20 años vinculado a ella y vivía en la misma vivienda, en el barrio Aures de la localidad de Suba, donde arrendaba una habitación. Los abuelos le habían abierto las puertas de su hogar por el amor que tenían a su hija y a su nieto, relató una nieta de las víctimas, cuya identidad se mantiene en reserva por seguridad.
Pareja de abuelos asesinados en Suba: así fue el crimen en el barrio Aures
Guillermo y Gloria fueron encontrados sin vida dentro de su casa, en dos habitaciones distintas, ambos con múltiples heridas de arma blanca. Anzola padecía una enfermedad terminal que le dificultaba la movilidad y su cuerpo fue hallado muy cerca de su bastón. Los informes más recientes de la investigación señalan además que Gloria Guerrero habría sido víctima de violencia sexual.
Una de las pistas clave surgió de las cámaras de seguridad de la vivienda: un familiar revisó las grabaciones y vio a un hombre que intentaba ocultar su identidad saliendo de la casa. Los investigadores hallaron después en la escena una gorra y un pasamontañas. Barajas, sin embargo, rindió una declaración juramentada en la que aseguró que no estaba en la casa cuando ocurrieron los hechos.
El capturado se rió durante la audiencia, denuncia el abogado de la familia
Durante la audiencia de imputación, el abogado de la familia denunció que Barajas mostró una actitud indolente y se rió ante el juez y ante la cámara mientras escuchaba los cargos. La Fiscalía reveló que el procesado tiene varias anotaciones por violencia intrafamiliar y lesiones personales, aunque ninguna condena previa, un patrón que, según el jurista, lo convierte en un peligro para la sociedad. La familia teme que afronte el juicio en libertad y pide que la captura sea el paso definitivo para esclarecer el caso.