Jerry Jones defiende su chequera y tacha de «ridícula» la idea de que no está dispuesto a pagar por un gran entrenador para los Dallas Cowboys.
Jerry Jones defiende su chequera y tacha de «ridícula» la idea de que no está dispuesto a pagar por un gran entrenador para los Dallas Cowboys. El dueño y gerente general de la franquicia aseguró este viernes 6 de noviembre, en una entrevista en la emisora 105.3 The Fan, que jamás ha dejado que el dinero se interponga en la contratación del técnico que considera adecuado.
«Ni una sola vez en mi vida he dejado que el dinero se interpusiera si quería hacer algo», afirmó Jones en una respuesta de más de cinco minutos dedicada al tema. «Es absolutamente ridículo. De hecho, me río cuando alguien dice que Jerry no está dispuesto a pagar lo que costaría traer al entrenador adecuado», añadió el propietario, de 84 años.
Jerry Jones defiende su historial: «Ningún entrenador me ha dicho que no por dinero»
Jones fue más allá y aseguró que nunca un entrenador le ha rechazado el banquillo de Dallas por una cuestión salarial. «Jamás me ha pasado que un técnico me diga: ‘vendría y sé que me quieres, pero no vendré porque no me pagarás lo suficiente’. Eso nunca ha ocurrido en mi vida», sostuvo. También reveló que en el pasado intentó tentar a entrenadores exitosos con contrato en otros equipos, sabiendo que tendría que pagarles sumas acordes con su palmarés.
La defensa de este viernes llega días después de que el propio Jones encendiera la polémica en la misma emisora: el martes afirmó que existe «cero correlación» entre lo que se paga a un entrenador y ganar en la NFL, una frase que desató críticas de analistas y exjugadores mientras los Cowboys atraviesan un arranque irregular de temporada.
El sueldo de Schottenheimer, en la parte baja de la NFL
El debate tiene un foco concreto: Brian Schottenheimer, promovido a entrenador principal en 2025 tras la salida de Mike McCarthy, figura —según los reportes de la prensa estadounidense— entre los técnicos peor pagados de la liga, con un salario estimado de 4,5 millones de dólares por año. En contraste, Liam Coen, de los Jacksonville Jaguars, cobra alrededor de 12 millones anuales y Ben Johnson, de los Chicago Bears, unos 13 millones; el propio McCarthy ganaba 8 millones por temporada en Dallas.
Antes de ascender a Schottenheimer, los Cowboys no entrevistaron a varios de los candidatos más cotizados de aquel ciclo, como el propio Ben Johnson, y se reunieron solo con perfiles como Leslie Frazier, Robert Saleh y Kellen Moore, hoy entrenadores principales en otros equipos. Esa búsqueda limitada alimentó la percepción de que Jones había optado por la vía económica, la misma que el dueño salió a desmentir este viernes.
Las críticas no vinieron solo de la grada. El exapoyador Emmanuel Acho calificó esta semana la postura de Jones como una «mala práctica organizacional» y recordó que varios de los entrenadores mejor pagados de la liga han ganado el Super Bowl, un argumento que el dueño de los Cowboys rechaza apoyándose, dice, en los datos de las 32 franquicias a lo largo de los años.
Un equipo que no toca el Super Bowl desde 1995
El ruido alrededor del banquillo crece porque los resultados no acompañan. Schottenheimer cerró su primera campaña con marca de 7-9-1 y en la actual suma 3-5, para un global de 10-14-1 al frente del equipo. Dallas, que visita este domingo a los Indianapolis Colts, no juega un Super Bowl desde la temporada de 1995, la sequía más larga y dolorosa para la franquicia más valiosa del fútbol americano.
Jones compró los Cowboys en 1989 por 140 millones de dólares y desde entonces ejerce también como gerente general, una doble función que lo convierte en el blanco permanente de la afición cuando el equipo no gana. Sus palabras de este viernes dejan claro que, al menos en su versión, el problema de Dallas no pasa por la chequera: si el entrenador adecuado aparece, asegura, el dinero para traerlo estará sobre la mesa.