El ex cirujano Joël Le Scouarnec, de 74 años, fue condenado este miércoles a la pena máxima de 20 años de prisión tras admitir haber violado y abusado sexualmente de 299 pacientes, la mayoría menores de edad, durante más de dos décadas en hospitales del oeste de Francia.
El Tribunal Penal de Morbihan, en la región de Bretaña, halló culpable a Le Scouarnec de prácticamente todos los cargos presentados en su contra, incluyendo 111 violaciones y 189 agresiones sexuales cometidas entre 1989 y 2014. El fallo siguió las recomendaciones de la Fiscalía y ordenó que el condenado cumpla al menos dos tercios de la sentencia antes de poder optar a libertad condicional.
Durante el juicio, que se extendió por más de tres meses y reunió a cerca de 60 abogados de las víctimas, Le Scouarnec admitió haber cometido “actos despreciables” y reconoció que el daño causado es “irreparable”. Su confesión incluyó el reconocimiento de abusos sexuales a su propia nieta y la responsabilidad en el suicidio de al menos dos expacientes, quienes no soportaron el trauma tras conocer los detalles de los abusos.
La investigación reveló un patrón de abuso sistemático: la mayoría de las agresiones ocurrieron mientras las víctimas, muchas de ellas menores de 15 años, estaban bajo anestesia o se recuperaban de intervenciones quirúrgicas. Los hechos salieron a la luz en 2017, tras la denuncia de una vecina de seis años, lo que llevó a los investigadores a descubrir diarios detallados, miles de imágenes de pornografía infantil y decenas de muñecas en la vivienda del acusado.
El caso ha generado indignación por la falta de actuación de las autoridades sanitarias y judiciales. En 2005, Le Scouarnec ya había sido condenado por descargar imágenes de abuso sexual infantil, pero no se le retiró la licencia médica ni se le impidió seguir trabajando en hospitales públicos. Durante el juicio, varios exdirectivos hospitalarios comparecieron ante el tribunal, pero ninguno asumió responsabilidad por las omisiones que permitieron que el cirujano continuara abusando de pacientes durante años.
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El fiscal Stéphane Kellenberger cuestionó duramente la pasividad institucional: “Se podría haber hecho más. Se podrían haber hecho las cosas de otra manera, incluso dentro de los infames estratos de la burocracia francesa, donde las responsabilidades a menudo se transfieren de una autoridad a otra hasta que, finalmente, esa responsabilidad se pierde y afecta a vidas inocentes”.


