El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, anunció este lunes que 17 presuntos miembros del Tren de Aragua y la MS-13 fueron deportados a El Salvador el domingo por la noche. Rubio calificó esta acción como «una exitosa operación antiterrorista» realizada en colaboración con el gobierno de El Salvador. Esta deportación se produce dos semanas después de que la administración de Trump enviara a cientos de personas a El Salvador bajo la Ley de Enemigos Extranjeros, a pesar de una orden judicial que prohibía su uso.
Deportación de Estados Unidos
La deportación de estos 17 individuos forma parte de una estrategia más amplia del gobierno de Trump para combatir el crimen transnacional. La Ley de Enemigos Extranjeros, invocada para justificar estas deportaciones, es una norma de 1798 que permite expulsar a extranjeros sin juicio previo en tiempos de guerra. Aunque un juez federal bloqueó su aplicación, la administración ha insistido en su uso, lo que ha generado un conflicto legal.

Los deportados fueron trasladados al Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) en El Salvador, una prisión conocida por sus duras condiciones. Familiares de algunos de los deportados han negado cualquier vínculo con las pandillas, mientras que el gobierno de Nicolás Maduro ha reclamado que los venezolanos deportados sean repatriados a su país.

La colaboración entre Estados Unidos y El Salvador en estas deportaciones ha sido vista como un esfuerzo conjunto para combatir el crimen organizado. Sin embargo, ha generado críticas por la falta de debido proceso y la utilización de una ley que no ha sido aplicada desde la Segunda Guerra Mundial. El gobierno de Maduro ha calificado las deportaciones como «secuestros» y ha pedido la repatriación de los ciudadanos venezolanos.
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La comunidad internacional sigue atenta a este conflicto, que refleja las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, así como las preocupaciones sobre derechos humanos en las deportaciones. Mientras tanto, la administración de Trump continúa presionando para que se permitan estas deportaciones, lo que ha llevado a un pulso con el poder judicial estadounidense.


