Parecía condenado a ser siempre testigo de los baños de champán desde abajo. Iba camino de alcanzar una cifra redonda, la de 250 carreras en su 12ª temporada en la Fórmula 1, sin poder disfrutar del podio. Sin ver reconocido su talento con un trofeo. Pero eso, al fin, se acabó. Con un Sauber y una 19ª plaza de salida, a Nico Hulkenberg le llegó el premio de su vida cuando seguramente menos lo esperaba. Un tercer puesto en su gran premio 239 hizo justicia con un piloto de innegable calidad.
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