El diálogo político en Venezuela entró este miércoles en su tercer ciclo en Caracas, con una agenda centrada en acordar garantías civiles y políticas que permitan encaminar un futuro proceso electoral en el país. Las delegaciones del chavismo y de un sector de la oposición se sentaron de nuevo a la misma mesa en un hotel de la capital, en una jornada de arranque a la que, como ocurrió en las rondas anteriores, solo se permitió el acceso de fotógrafos.

La oposición que participa en estas conversaciones está encabezada por Dinorah Figuera, expresidenta de la Asamblea Nacional de 2015, quien en los días previos dio a conocer la hoja de ruta de su equipo para esta nueva etapa. Del lado gubernamental, la representación ha estado liderada por el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez. El proceso cuenta con el impulso directo de Estados Unidos y forma parte de la transición abierta tras la captura de Nicolás Maduro en enero pasado.
Qué se negocia en este tercer ciclo del diálogo político en Venezuela
El punto central de esta ronda es cerrar el proceso de selección del Tribunal Supremo de Justicia y definir las garantías de participación que necesitan ciudadanos y partidos para que unas eventuales elecciones sean creíbles. Las dos primeras rondas, celebradas en agosto y septiembre, se concentraron en la reforma del sistema de justicia, incluida la renovación completa del máximo tribunal, al que amplios sectores señalan de actuar al servicio del Gobierno.
Sobre la mesa también han estado temas como el oro venezolano retenido en el Reino Unido, el levantamiento de bloqueos a portales web —entre ellos medios de comunicación— y otras medidas vinculadas a la libertad de expresión. Para las rondas siguientes quedan asuntos de fondo: la reforma del Consejo Nacional Electoral, la derogación de las leyes consideradas represivas que aún quedan vigentes y la apertura plena del espacio político para que dirigentes y partidos puedan regresar al país y participar.
El papel de Washington y las ausencias en la mesa
El calendario de este tercer ciclo se confirmó tras la reunión que Figuera sostuvo el viernes pasado en Washington con el secretario de Estado, Marco Rubio. Tras ese encuentro, el Departamento de Estado señaló que la nueva ronda comenzaría el 14 de octubre y pidió seguir avanzando en libertades políticas y reforma electoral como base de unos comicios libres y justos. La diplomacia estadounidense ha destacado además regresos recientes de figuras opositoras que estaban en el exilio, como señal de progreso concreto del proceso.
No todos están en la mesa: los dirigentes María Corina Machado y Edmundo González Urrutia no forman parte de estas conversaciones, una ausencia que sigue marcando el debate sobre la representatividad del diálogo. Tampoco está claro cuánto durará esta tercera ronda; los dos ciclos anteriores se extendieron por cerca de una semana cada uno. Para la diáspora venezolana, que sigue el proceso desde Estados Unidos y otros países, lo que se acuerde en Caracas en materia de garantías y elecciones definirá si se abre una ruta real de retorno y participación política.
Por qué importa el diálogo político en Venezuela
Para los participantes, el diálogo político en Venezuela solo tendrá sentido si los acuerdos se traducen en pasos verificables: un máximo tribunal renovado, reglas claras de participación y garantías efectivas para votar y ser elegido. Por eso, cada avance del diálogo político en Venezuela se mide ahora por su impacto en la confianza electoral y en la credibilidad del proceso. Si este tercer ciclo cierra compromisos concretos, el diálogo político en Venezuela podría abrir el camino hacia unas elecciones creíbles; si no, la mesa volverá a quedar bajo presión. El seguimiento internacional del diálogo político en Venezuela continuará durante las próximas semanas, mientras las delegaciones definen los próximos pasos en Caracas.


