El pasado viernes, Cuba experimentó su cuarto apagón nacional en menos de seis meses, dejando a más de 10 millones de personas sin electricidad. La crisis energética que enfrenta la isla se ha convertido en una realidad cotidiana, con interrupciones diarias que en algunas regiones superan las 20 horas. Este colapso del sistema eléctrico nacional no solo refleja la profunda crisis energética del país, sino también su grave situación económica.
La noche del viernes, una avería en una subestación en las afueras de La Habana provocó una «pérdida importante de generación» en el occidente de Cuba, lo que desencadenó la caída total del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Solo algunos hoteles, negocios privados y centros estratégicos como hospitales mantuvieron el suministro eléctrico gracias a sus propios generadores. La población cubana, ya acostumbrada a los apagones diarios, se vio nuevamente sumida en la oscuridad, con una sensación de desesperanza y frustración.
La crisis energética de Cuba se debe principalmente a dos factores: la escasez crónica de combustible y las frecuentes averías en las centrales termoeléctricas obsoletas. La falta de divisas para importar combustible ha obligado al Ministerio de Energía a parar motores de generación distribuidos por el país, aumentando la presión sobre las siete centrales termoeléctricas terrestres. Cuando una de estas instalaciones falla, el sistema no tiene respaldo suficiente, lo que puede provocar desconexiones totales.
En febrero, el déficit eléctrico alcanzó un máximo del 57%, lo que significa que casi seis de cada diez hogares no podían encender la luz en algún momento del día. La situación es especialmente grave en provincias como Camagüey y Holguín, donde los apagones diarios pueden durar más de 20 horas. Los ciudadanos expresan su desesperación ante una situación que consideran insostenible. «Uno vive en un sobresalto», dijo Angélica Caridad Martínez, una habitante de Camagüey.
La crisis energética se entrelaza con una profunda crisis económica, la peor en tres décadas, marcada por la escasez de alimentos y medicinas, una inflación galopante y el recrudecimiento del embargo económico impuesto por Estados Unidos. El gobierno ha tenido que implementar medidas drásticas, como el cierre temporal de escuelas y la suspensión de actividades culturales para priorizar el suministro a hospitales y centros de producción de alimentos.
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El primer ministro, Manuel Marrero Cruz, aseguró que se trabaja sin descanso para restablecer el servicio eléctrico lo antes posible. Sin embargo, la recuperación del sistema eléctrico ha sido lenta en el pasado, y los expertos temen que esta crisis pueda cronificarse debido a la falta de inversiones y la infrafinanciación crónica del sector energético.


