Durante la audiencia del 8 de octubre ante el juez Alvin Hellerstein, del Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York, los abogados de Cilia Flores afirmaron que la ex primera dama venezolana perdió unas 25 libras (más de 11 kilos) y dos muelas desde su ingreso al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, donde permanece desde su captura el 3 de enero junto a Nicolás Maduro. La versión, planteada como parte del alegato para pedir su libertad bajo fianza, proviene exclusivamente de su equipo de defensa y no cuenta con el respaldo de un informe médico independiente.
La defensa también alegó que Flores, de 69 años, padece taquicardia ventricular y opresión en el pecho, y que en el penal se interrumpió el tratamiento inyectable que recibía por un prolapso de la válvula mitral. Por ello pidió que pudiera salir de la prisión para someterse a un cateterismo cardíaco y recuperarse fuera de una unidad compartida con unas 40 internas. Su abogado, Mark Donnelly, informó además que pasó del aislamiento (SHU) a la población general y que un episodio en el que se usó gas pimienta durante una pelea entre reclusas le provocó opresión torácica, aunque ella no estuvo involucrada.
Hellerstein negó tanto la fianza como el arresto domiciliario. La consideró un riesgo de fuga por su acceso a grandes sumas de dinero y sus contactos internacionales, afirmó que el Gobierno cuenta con «pruebas fuertes» y observó que la veía en mejor estado que tras su captura, cuando llegó a la corte con vendajes por las lesiones sufridas en la incursión estadounidense. El magistrado, de 92 años, se mostró escéptico ante su negativa a realizarse pruebas dentro del penal y recordó que el cateterismo es un procedimiento breve de un solo día; sin embargo, admitió que el argumento sobre la recuperación tiene cierto mérito, aunque aún prematuro, lo que dejó abierta la puerta a una reconsideración futura.
La audiencia quedó opacada por la nueva imputación de la Fiscalía, que sumó el cargo de conspiración para cometer torturas contra opositores y ciudadanos estadounidenses contra Flores y Maduro, adicional a las acusaciones previas de narcoterrorismo. En la sala, la ex primera dama —con uniforme azul de manga corta sobre una camiseta gris, visiblemente más delgada y con el cabello teñido de rubio— entró sonriendo, pero su semblante se tornó serio con el avance de la sesión. A la salida, el fiscal James McDonald defendió la nueva acusación, mientras un grupo de manifestantes coreaba: «Cilia aguanta, el pueblo se levanta».
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