La creciente violencia en Puerto Príncipe, la capital de Haití, ha llevado a muchos de sus habitantes a buscar refugio en Cabo Haitiano. Los viajeros que llegan a esta ciudad costera del norte de Haití relatan historias de un viaje lleno de peligros y violencia.
La situación en Haití ha empeorado en las últimas semanas, con pandillas atacando infraestructuras esenciales y provocando la renuncia del primer ministro. Como resultado, más de 360.000 personas han sido desplazadas internamente. Muchos de ellos han encontrado refugio en Cabo Haitiano, una ciudad que, a pesar de sufrir problemas endémicos como la pobreza extrema y la corrupción, ha logrado mantenerse a salvo de la violencia de las pandillas.
Entre los desplazados se encuentra Phanel Pierre, un empresario que logró salir de la pobreza solo para ser blanco de las pandillas. Su negocio fue destruido, su casa saqueada y él mismo fue objeto de un intento de secuestro. Ahora vive en una pequeña choza en Cabo Haitiano con su familia.
«Esto es sólo el 2% de la vida que solía vivir», asegura. Y agrega: «de hecho, no estoy viviendo, solo estoy existiendo«.
Por su experiencia, Phanel afirma que la solución para Haití son medidas drásticas: «Necesitamos una intervención a largo plazo. No sólo mil o dos mil policías», afirma, en referencia al despliegue previsto de una fuerza de seguridad de 1.000 efectivos liderada por Kenia.
A pesar de la creciente crisis, hay quienes abogan por soluciones drásticas para el problema de seguridad del país. Sin embargo, la tarea de estabilizar Haití se presenta complicada, especialmente ante la amenaza de pandillas poderosas y bien armadas. Mientras tanto, el número de desplazados internos sigue aumentando, y ciudades como Cabo Haitiano se convierten en refugios seguros para aquellos que buscan escapar del caos.


