Beatificación de Augusto Ramírez: Guatemala proclamó beato este sábado a fray Augusto Rafael Ramírez Monasterio.
Beatificación de Augusto Ramírez: Guatemala proclamó beato este sábado a fray Augusto Rafael Ramírez Monasterio, el sacerdote franciscano torturado y asesinado por militares en 1983 por negarse a revelar el secreto de una confesión, en una multitudinaria ceremonia celebrada en Santa Lucía Milpas Altas, a unos 35 kilómetros al oeste de la capital.
Más de 10.000 feligreses, según el conteo de la Policía, acompañaron el rito en la finca municipal Florencia de ese poblado indígena maya del departamento de Sacatepéquez, junto a una treintena de obispos y unos 300 sacerdotes. La celebración llegó exactamente 43 años después del crimen y convirtió a Ramírez en un símbolo centroamericano de la defensa del sigilo sacramental.
Beatificación de Augusto Ramírez: el cardenal Robles presidió el rito por encargo de León XIV
El rito fue encabezado por el cardenal José Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara, en calidad de delegado del papa León XIV, el mismo pontífice que el 22 de enero de 2026 autorizó el decreto que reconoció el martirio de Ramírez «por odio a la fe». La Iglesia lo considera mártir por «la defensa heroica del secreto de la confesión», y su causa había comenzado formalmente en 2008 en la curia de la Ciudad de Guatemala con el respaldo de la Orden Franciscana.
La Conferencia Episcopal de Guatemala resumió el sentir de la jornada en un comunicado: «Si bien hace 43 años su muerte fue motivo de gran conmoción y dolor, hoy, esa sangre derramada por fidelidad, es motivo de gozo». La beatificación guatemalteca coincide con la gira sudamericana del pontífice, que este mismo sábado reunió a 70.000 personas en la vigilia del estadio Centenario de Montevideo.
El crimen de 1983: torturado por guardar una confesión
Ramírez nació el 5 de noviembre de 1937 en la Ciudad de Guatemala, se formó en Nicaragua y España, donde fue ordenado sacerdote en 1967, y en 1978 asumió como guardián y párroco de la iglesia de San Francisco El Grande, en la colonial Antigua Guatemala. En junio de 1983, el guerrillero Fidel Coroy se confesó con él porque pensaba acogerse a una amnistía ofrecida por el dictador Efraín Ríos Montt; tras esa confesión, el fraile fue detenido y torturado para que revelara lo escuchado, y se negó. Coroy sobrevivió a las torturas y fue dado por muerto por sus captores, que lo abandonaron a la orilla de una carretera.
El 7 de noviembre de 1983, Ramírez fue secuestrado de nuevo y acribillado a balazos, incluido un disparo en la cabeza, en el centro de la capital, tras escapar con las manos atadas y los pies descalzos del vehículo en el que lo trasladaban. Era acusado de cooperar con la guerrilla izquierdista y su crimen permanece en la impunidad. Guatemala vivía entonces el tramo más duro de su guerra civil (1960-1996), un conflicto entre las fuerzas de seguridad y la guerrilla que dejó unos 200.000 muertos y desaparecidos, entre ellos otros miembros de la Iglesia que también han sido beatificados.
Con la ceremonia de este sábado, el fraile de San Francisco El Grande se suma a esa lista de testigos de la fe centroamericana, en un país donde su historia se enseña ahora como ejemplo de fidelidad al secreto de confesión hasta las últimas consecuencias. La devoción en torno a su figura, alimentada durante décadas en Antigua y en las comunidades mayas de Sacatepéquez, tuvo en la finca Florencia su celebración más grande, con la imagen del nuevo beato presidiendo el altar ante la multitud.